Cara a cara con Dios


Tarde tras tarde se van quemando – casi inútilmente – los ocasos. Las estrellas se van apagando, también con las primeras rosas del día nuevo.
Hoy nos cae un cabello, mañana siete. Nuestra alegría de hoy será mañana una tibia nostalgia.
Este rapaz que como un pájaro juega y alborota, y que pone a la tarde toda lívida y asustada, a la otra primavera reirá con la muchacha que él deseaba.
Detrás de todo, como un fondo el tiempo, tiempo al que hay que colgarle cuadritos y fotografías, llenarlo de música y de risas, calentarlo: tiempo sin líneas, completamente en blanco, limpio como el aire después de un chaparrón de una tarde de estío. Poco a poco se nos irán borrando nuestros paisajes, como lamidos por la lengua de un perro enorme – la muerte.
Huirá el calor de nuestro cuerpo. Llegará el último latido como la llama que se apaga porque se ha terminado la vela.
El velillo delicado se rasgará bruscamente, la bruma casi imperceptible se le disipará a Dios de golpe. Y nos encontraremos frente a frente, cara a cara con Dios.
Pero mientras esto llega, colguémosle cuadritos y fotografías al tiempo. Llenémoslo de música y de risas calentémoslo.

30 de Octubre 1968


Comentaris